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Arriba el audímetro

Real+Madrid+CF+v+FC+Basel+1893+UEFA+Champions+cNPBrhjeZ6Yl Lo que tienen los resultados hinchados de goles es que camuflan la realidad y la adulteran. En esta vida, los tantos sobre el césped curan hasta los comas, como manda el marketing de GolT. No hay nada como una buena goleada para que comiencen los aplausos y reviente el optimismo del aficionado, que es tan voluble en el tiempo como cercana la derrota. El Real Madrid y el Real Jaén, amigos míos, tienen más en común que el blanco y el morado de su Historia. Que los jiennenses endosaran cinco goles al Arroyo cacereño y levantara el ánimo de un inicio liguero dubitativo tiene su reflejo en el cuadro de Ancelotti, que cura sus heridas y se autocongratula con un juguete diez veces más pequeño. Y en la osadía que uno ha reunido para comparar a estos dos reales sigue habiendo otro denominador común: las manitas, en estos casos, no tienen más consecuencia que el propio engaño. Se engaña el Madrí si cree mejorar en sus constantes vitales y se engaña el Jaén si…mejor dejemos al Jaén.

En lo que se refiere a los capitalistas (perdón: capitalinos), su partido murió en cuanto salió del bombo. Qué se le puede demandar a una ciudad, la suiza, cuyo cupo de extraordinariedad ya está cubierto por Roger para el resto de la eternidad. Sin embargo, en su empeño por perpetrar algún campo europeo, eligen a Samuel, el “Muro” (está aún por determinar el material de la construcción), para clavar la bandera de sus intenciones. El argentino, que en otros tiempos creaba heridas con clavar la mirada, tiene menos pelo y las cuencas de los ojos le lloran por no huir a tiempo. En Madrid todavía se ríen: “Llamen al Samu(r), a ver si se mueve”.

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Uno de los detalles del Real Madrid en la primera parte fue la aparente resurrección de sus activos. ¡Milagro, las piernas se movían como si llevaran incrustadas huesos y músculos de deportistas! El brío era manifiesto en las extremidades y James probó con un tacón el engrase de sus rodillas, un balón que recogió Nacho (más hombre con la barba parda) e hizo lo que Arbeloa no consiguió en toda su trayectoria: errar en gol. El centro del canterano, que quiso ser bueno, acabó transformándose una patata que rebotó en el defensa contrario. El pobre acabó corriendo desesperado hacia la banda cual Higuaín. A la postre, su nombre no figuraría entre los goleadores, lo que no sería motivo para no haberse llevado la alegría de berrear a la grada. Al menos, queda la foto.Más tarde, se pondría de manifiesto que la Sociedad Tottenham de Modric y Bale funciona a las mil maravillas cuando el galés no interviene. En esos casos, el croata se quita el hándicap de vínculos emocionales y se entretiene en robar bolas, que es como más gusta, y en utilizar el exterior para viciar la trayectoria de la pelota como un plátano, corvada hacia fuera. No obstante, Gareth quiso contribuir con un pequeño pase de dos metros, a lo que Luka disparó desde 30 o 40 metros, para goce del aficionado, que disfruta viendo al bueno del 19 con el cartel de jefe balcánico. Fruto de otro plátano con el exterior, ya maduro, apareció Bale para mandar el balón al satélite espacial y superar al portero con una vaselina maquillada, con cierto aire de torpeza, y anotar el segundo con inercia modriciana, como alumno del croata que es. Fue el galés, precisamente, el que se puso el traje de asistenta con diadema (o cofia) para servir un balón a Ronaldo, que no fallaría, como es costumbre en el 95% de los mortales que reciben un servicio a portería vacía. El contrato del portugués incluye una cláusula de obligado cumplimiento en este tipo de goles, bajo amenaza de prohibirle el gimnasio.Poco antes de llegar al descanso ocurrieron dos escenas curiosas. A James le tocó anotar. Sí, le tocó, como en la lotería, pues Benzema y Cristiano atinan a servir más que lo que demuestran sus gestos y el colombiano, que tiene cara de pasar por allí todo el tiempo, aprovecha las migajas mediátias que le ofrecen sus compañeros. Una vez se llegan a los cuatro goles de ventaja, la mente del madridista se concentra en empeorar la imagen ofrecida, como si el abuso estuviera mal visto en tiempos de opulencia. Para empezar, mediante gol encajado. Son frecuentes las carreras de gacela de Pepe para alcanzar al adversario tardíamente, cuando ya está el balón besando las mallas. Cumplió la tradición, eso sí, propiciado por una triangulación suiza brillante y culminada por un disparo cruzado bien dirigido de González.

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Al seguir con el encuentro, tras el intermedio de rigor, crece la teoría que tiene atados a parte del madridismo: Las segundas partes del Madrí son los padres. El jugador merengue pierde la noción del tiempo, del espacio y de su propia posición. En esos casos, parece más empecinado en agigantar defectos que en esconderlos. Y llegan los pitos. Pitos para Casillas. Pitos para la falta de Sergio Ramos. Pitos para el tropiezo de Benzema. Pitos para el que tosa. El Bernabéu, en ocasiones, alcanza un nivel de absurdez merecedor de una tira cómica en prensa amarillista: todo el mundo parece atenderla, pero molesta. El grado de inverosimilitud ocurre al despreciar el acierto del propio equipo. Entonces se produce una guerra de trincheras entre sectores de la grada con la única meta de llevar razón, que es una mentira que se han inventado en el fútbol para que proliferen los chiringuitos.

Con el partido muerto, salió Illarra y el encuentro penumbro no cambió un ápice. No hubo quien reviviera tanto plomo y la diversión consistió en cuántos regates marraba Cristiano, con sus consiguientes reclamos al Dios de la Yustisia. Poco más que añadir, salvo el tanto de Karim, de bello escuadrazo, que lo reconcilió con el olfato, algo atrofiado. El balón tocó el larguero y se introdujo, una manera de adherir contundencia a la acción, especialmente en un jugador que se caracteriza por tener piel de mantequilla. Acto seguido, se llegó al final y prendió, en la megafonía, el himno del Real Madrid, para atronar oídos y que, así, el audímetro registre los decibelios que no generó el césped.

Twitter: @Ninozurich

Un Madrid atornillado

Toni+Kroos+Real+Madrid+v+Sevilla+FC+jqYUEdht_tBlVi poco de la Supercopa de Europa, pero lo suficiente para darme cuenta de que se trata de un partido pachanguero que supone más migas que pan, que el trofeo es de los más elegantes del panorama internacional y que el Real Madrid, a poco que ponga a tono el físico de la plantilla y tenga la concentración equilibrada, arrollará a quien se le ponga por delante hasta que los rivales se le queden en el diente. Da la sensación de que el equipo de Ancelotti, con el consabido resentimiento en época de pretemporada, necesita muy poco para noquear al rival. Un par de galopadas de Bale, la potencia de Cristiano, la capacidad de decisión de Benzema, la seguridad de Modric y los plus que ofrecen (u ofrecerán) Kroos y James Rodríguez dibujan un perfil que asusta en mente y césped. No faltan tuercas, ni siquiera a Pepe.

No importó que enfrente estuviera el Sevilla —que sólo apretó cuando el Real Madrid sacó la juventud de la despensa, para que respirara— o el Sariñena, puesto que el equipo blanco parece saber almodarse al escenario y al adversario, administrar esfuerzos y, en definitiva, autogestionarse un punto por encima que en campañas anteriores. No es una cabra loca que se impulsa a coces sin importar que detrás haya pared o aire. Al menos, en cuanto se le ha exigido un nivel de competitividad mínimo y potable. El Sevilla pudo hacer más, evidentemente, porque siempre se puede mejorar, pero de lo que no cabía duda es de que no vencería en un cuerpo a cuerpo, pues la envergadura, sobre el terreno de juego y sobre los maletines, suponen una franja insalvable para el 95% de los equipos europeos. El Madrid gana con arreones mortales porque condensa el veneno que no tienen los demás: se fortalece a sí mismo a base de debilitar al rival. Gana porque sería un fracaso, en términos lógicos, no hacerlo con esos empleados.

Por eso se le exige tanto y, también, por eso, se le critica tanto. Un fallo de Carvajal puede servir de tema de conversación durante la semana, una mala salida de Casillas —como ya saben— puede ser alimento de hienas más de un año y que Cristiano escupa es un síntoma claro de su mal estado de forma. Los fichajes tienen el objetivo de minimizar riesgos y conseguir resultados tan positivos que los fallos sean meras anécdotas, como alguno que otra de esta Supercopa que no se comentará por el alzamiento del torneo. Kroos, por lo pronto, junto a Modric, es una bendición divina con forma de llaves inglesas: cuidar de que todo, hasta el campeón de Europa, quede totalmente sujeto, atornillado.

Twitter: @Ninozurich

La mirada al césped

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El recuerdo de las selecciones portuguesa y ghanesa en el Mundial de Brasil 2014 pasará por hacer ahínco en la impotencia. El encuentro que enfrentó a ambas fue como una pequeña muestra, un escaparate al que todo el mundo se puede asomar, de las cualidades mostradas en los anteriores enfrentamientos del grupo. Por un lado, Ghana llevó el peso de las combinaciones durante el partido, dominando la inercia atacante durante varias fases del encuentro, pero sucumbiendo en la terminación del partido por lo que se conoce como mala suerte o, en la lectura escéptica, defensa desordenada. Por el otro, Portugal confirmó que los goles conseguidos dependen del error adversario. Si no hay yerro, Cristiano no marca. Si marca, mira al césped. Si duda, corte de pelo.

A la hora de definir el partido existen dos fases: el preámbulo y la decadencia. Se entendía, antes del encuentro (fase de preámbulo), el atractivo que podrían suscitar ambos conjuntos, pues tenían posibilidades de acceder a la siguiente ronda. Ni Alemania ni USA ni Ghana ni Portugal tenían certificada matemáticamente su pase a la fase decisiva. Esto, a su vez, conllevaría un garbo no visto en otros partidos, pues no hay mayor estimulante que estar al borde del precipicio. O eso se esperaba. Es en esas situaciones cuando el ser humano despelleja sus neuronas en busca de una situación y crea ingenio. Más o menos parecido a cuando uno no encuentra nada en la nevera para picar e insiste en probar con la cocina fusión, mezclando guacamole con paté en una rebanada de pan bimbo –o pan de molde para los que no tuvieron infancia-.

Ya llegados a la decadencia, en los últimos minutos de la segunda parte, tanto a unos como a otros les entró la obsesión de andar y, a ser posible, girando el cuello hacia abajo, para denotar que estaban afligidos, limitados y hundidos mientras en sus cabezotas resonaba el ding, ding del fin del combate. Los segundos corrían y en sus rostros se veían peticiones de degollamiento, cuales cochinillos que enfilan el matadero para morir después de estar cebados, pero en esta ocasión por la fama y las expectativas. No se celebraban los goles, Cristiano marraba todo lo que le llegaba a su zona y Eder seguía ensimismado en coronarse como el peor delantero (se puede optar a jugador) del campeonato, con unos andares arrítmicos que prohibían pensar en que hiciera un buen control hasta que tuviera garrota. “Luz, fuego, destrucción. El mundo puede ser una ruina”, que decían por las tierras de Goku. Si no era así, estaba cerca.

Ni Ghana ni Portugal se clasificaron porque Estados Unidos, que es un país que cambia de nombre a todas las cosas –al fútbol lo llama soccer y a la NBA, baloncesto-, privó a Europa y África, con más y mejor tradición futbolística, de un representante en los octavos de final, lo que habría sido lo más lógico. Pero, si hay algo en este Mundial es ilógica. Campeones del mundo fuera a las primeras de cambio y Costa Rica sacando el hacha. Y más cosas. Fíjense en Beckerman, con rastas y a lo loco. El fútbol.

Twitter: @Ninozurich