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Al filo de la lobotomía

Germany+v+Algeria+lsQlg0EvdOnl

A veces el fútbol tiene guardadas píldoras de épica que se consumen con entusiasmo por el aficionado. Que sea el ciempiés el que detenga la suela del zapato atiende a unos niveles de espectáculo altísimos porque se asemejan a una quimera. En este Mundial nos estamos hinchando de tantas píldoras que si tuviera tetas ya se habrían oficiado millares de casamientos. Lo de Argelia, además, desprendió cierto romanticismo, pues puso en entredicho la imbatibilidad de la todopoderosa Alemania, quien a falta de Beckenbauer tuvo el recuerdo del líbero en Manuel Neuer. El arquero fue el mejor defensa germano porque entre Mertesacker y Höwedes elevaron a Hummels al Hall of fame del deporte de élite y dejaron a Neuer despejar todo lo que a ellos les daba miedo. Incluido el tufo a heces.

En cuanto a Argelia, su predisposición al juego más pensante que pasional le alejaba del típico modelo africano. Compartía junto con Ghana el honor de haber agradado en la competición, pero nunca se llegó a pensar que durante la primera media hora del encuentro fuera dueña de la cabeza teutona, la misma que se posaba en el bordillo de la acera con el temor a ser aplastada. Feghouli y Slimani fueron cuchillos de sierra constantes, auténticos punzones que obligaban a Alemania a pedir Cooling breaks por vergüenza a seguir temblando. A los centrales rubios, altos y esbeltos se les veía tropezar con las briznas del césped, débiles, y completamente flácidos en cuanto asomaba alguna camiseta verde. Los argelinos robaban pelotas con la facilidad con la que uno recoge pelusa bajo el sofá, así que estaban dispuestos a barrer todo lo que se les pusiera por delante. Aunque midiera cinco metros.

Las intermitentes genialidades de Özil, que le sirvieron para ser el mejor alemán en la primera parte, fueron el único peligro germano. De vez en cuando, Schweinsteiger y Kroos se animaban con los disparos lejanos a los que Mbolhi contestaba con malos despejes y paradas salvadoras. Y no es una contradicción. Mbolhi asumía el rol de héroe y villano en décimas de segundo. Podría rechazar un disparo al corazón del área (SACRILEGIO) y enmendarlo con una aceleración del tren inferior que llegaría a Argel en tres zancadas. Sin Hummels –volvemos a él-, Alemania no pasaba de ser un triciclo sin pedales, lenta en las basculaciones y tosca en los achiques. Parecieron vulnerables. ¡Alemania vulnerable, se nos cae el mundo encima! Suerte que necesita de pocas reservas para volver a inocular miedo en el contrario, que fue lo que hizo antes del descanso: meter a argelinos en el corral y rezar para que no encontraran la puerta de salida.

A fuerza de arreones chispeaba el partido. El descanso sirvió para que Alemania reordenara letras y recordara su identidad, es decir, la de empujar hasta arrollar. Fue Schürrle, luego Höwedes y después Lahm los que dieron la bienvenida a su país, aunque aún seguían frunciendo los ceños en los balones aéreos que disponían los argelinos. Volvía la desesperación en los europeos. Y con ella el miedo. Los picos altos en el tensiómetro son la peor afección que se le puede detectar a un alemán, cuyo sistema se vuelve impredecible cuando el plan sale mal y sólo hay hueco a la improvisación. No le pidas a un alemán que improvise porque se colapsará y gritará una y otra vez: “¡Hodor, Hodor!”. Hubo fases, incluso, que no extrañarían un gol africano, unos bofetones bien reales que a punto estuvieron de terminar en lobotomía si a Schürrle no le da por levantar a la nación. El del Chelsea se fue en banda en busca de gresca y encontró cuerpos verdes que le besaban los pies. Más de 80 millones de alemanes pedían chocolate ante lo que se avecinaba. Chocolate con Schürrle.

Y en la prórroga dieron el primer mordisco –sin sanción- cuando Andre aprovechó un centro de Müller para rematar con el interior, o eso quiso, pero la pelota resbaló hasta su taco para terminar siendo un golazo sin querer que, como la rosada sin alioli: saber no sabe igual. A raíz del infortunio se desplomó el orgullo y se desorganizaron los movimientos. El campo sólo encontraba jugadores rápidos en las repeticiones slow motion y el desgaste físico fue decisivo. Aun así, supo Argelia acongojar a la antigua Germania, a la que se conocía por negar la victoria hasta a la muerte. Özil, en lo que fue la constatación de la desesperación argelina, anotó el segundo tanto como si jugara en la plaza de su pueblo y dejó el posterior gol de Djabou en una recompensa. Inútil recompensa.

Twitter: @Ninozurich

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Argentina es una incógnita

91221La selección Argentina llega al Mundial de Brasil con un gran número de dudas, pero, al mismo tiempo, con la sensación de que es una de las favoritas para levantar la Copa. Scolari se ha atrevido incluso a pronosticar una final Brasil – Argentina que se convertiría en una de las finales épicas de la historia del fútbol. Goldman Sachs se ha sumado a Scolari y ha realizado un informe señalando que la final Brasil- Argentina es la más probable.

Los interrogantes con los que desembarcará Argentina en el Mundial giran en torno a la figura de Messi, que no ha tenido su mejor año en el Barcelona y sobre la sensación generalizada de que es un equipo altamente descompensado. La mayoría de los entendidos del fútbol consideran que, si bien Argentina tiene una delantera temible (Messi, Higuaín, Agüero, Lavezzi y Palacio), el medio del campo y la defensa dejan mucho que desear.

Sin embargo, es posible que Carlo Ancelotti le haya hecho un enorme favor a la selección Argentina y a Alejandro Sabella. La reconversión de Di María en un jugador más defensivo, ocupando una posición más parecida a la de un medio centro defensivo que a la de un extremo, pero atendiendo a la salida del balón, puede darle a la selección el equilibrio que le faltaba. Sobre todo porque Di María no ha perdido su capacidad ofensiva asumiendo este nuevo papel y se encuentra en un gran momento de forma, como pudimos observar en la final de Lisboa. Se ha convertido en un jugador idóneo para jugar con un 4-3-3, ocupando un lugar que le permite robar el balón y salir a la contra con la velocidad y calidad que le caracterizan y, además, contando con la compañía de Messi, Agüero e Higuaín.

Parece claro que Sabella va a optar por el 4-3-3 y por el siguiente once: Romero; Zabaleta, Garay, Fernández (o Demichelis), Rojo; Mascherano,  Gago (Biglia),Di María; Messi, Agüero, Higuaín. Sabella cuenta con la posibilidad de realizar cambios tácticos en partidos más exigentes, poniendo un 4-4-2 y sacrificando a Agüero o Higuaín e incorporando un jugador en el medio que podría ser Enzo Pérez o Maxi Rodríguez. Con este once, Argentina podría lograr un equipo perfectamente equilibrado. La defensa ofrece garantías, el medio contaría con dos jugadores de corte y con Di María colaborando en la recuperación y sobre la delantera sobran los comentarios. Esta disposición táctica y este once pueden provocar que Argentina se parezca al Real Madrid de este año, lo que convertiría a la selección en un equipo que puede hacer mucho a daño a rivales que tengan la posesión del balón, mientras que no estaría tan cómodo teniendo el control del juego.

En este sentido, hay que recordar las ausencias más polémicas de la lista de 23 jugadores que presentó Sabella. En Argentina se ha creado un gran debate en relación con la ausencia de Carlos Tévez y de Otamendi. Nadie duda de la calidad del “Apache”, pero Sabella ha optado por ahorrarse las complicaciones que podría traer la suplencia de Tévez y los posibles problemas en el vestuario. Sin embargo, para los que vemos habitualmente la Liga española, el error imperdonable del seleccionador argentino es no haber incluido en la lista a Willy Caballero, que es de largo el mejor portero que tiene Argentina. Es difícil entender que Romero sea el portero titular de una selección que aspira a levantar la Copa. Este tipo de decisiones pueden ser influencia de Bilardo, maestro de Sabella y que es conocido por su tendencia a darle un gran protagonismo a las supersticiones y por creer en un determinado grupo de jugadores más allá de los aspectos técnicos.

En cualquier caso, lo que está claro es que las aspiraciones de Argentina pasan por el estado físico, mental y futbolístico de Leo Messi y esa incógnita no la podremos resolver hasta que empiece el Mundial.

Julio Alemán