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El Pipita siempre está de moda

HIguain-NapoliTenemos al Napoli fuera de Champions y Europa League a las primeras de cambio y nada más y nada menos que a 17 puntos de la Juve en Liga (eso sí, habiendo perdido solo 4 encuentros). Las aciagas noches de eliminación europea del conjunto del sur de Italia han tenido un denominador común: ambas han contado con fallos de Higuaín frente al portero rival en momentos clave, como ya le ocurriera al ariete argentino vestido de blanco ante Lyon (2010) y Borussia (2013).

Dar este dato es muy doloroso para un higuainista acérrimo como se proclama un servidor, pero es en los momentos de crisis cuando uno tiene que reforzar su fe. Es en estos momentos cuando os voy a explicar porqué sigo siendo higuainista y lo seguiré siendo muchos años más.

Ser higuainista es ver al Pipita fallar un mano a mano en un momento crucial de un partido y comenzar a quejarte para tus adentros: “¡Ay este chico! Si es que claro luego dicen, normal que digan”. Pero justo cuando vas a soltar al aire tu segundo lamento, le ves hacerse 40 metros a sprint para presionar al defensa o para recuperar un balón. Y te callas.

Ha salido máximo goleador de las eliminatorias mundialistas sudamericanas en competencia con Suárez, Falcao, Alexis o su compañero Messi. Y es que es ahí, cuando tiene para quien jugar, es cuando se ve al Higuaín más útil. Como cuando cada kilómetro que hacía lo aprovechaban Cristiano o Benzema (con el que, contrariamente a la leyenda, formaba un excelente equipo sobre el césped).

Higuaín es un jugador que no está tocado por la varita de la magia, apenas probó unas gotas del caldero en el que se cayeron Cristiano, Messi, Ibra o Falcao, pero eso no hace si no darle más mérito a su trayectoria. Higuaín ha escalado a base de sudor y mucho esfuerzo, y allá ustedes si quieren de él lo que no es. 

Víctor Pernas (@VPernas)

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El Calderón y el eterno sueño de la Champions

ardaturanismoEl Calderón ha dictado sentencia. Como en el circo romano, los gritos de la afición colchonera han decidido la condena unánime a todo un AC Milan a morir en Europa. Y con ello, confirman la nefasta temporada de un equipo mítico que atesora nada menos que siete Copas de Europa. Pero eso no ha bastado para amedrentar a un Atlético que pasea en Champions sus virtudes con un desparpajo que enamora hasta al más escéptico.

Las noches mágicas del Calderón merecían un premio mayor que la Europa League (por muy meritoria que sea, no me cansaré de repetirlo). Pero este equipo se ha hecho merecedor de poder batirse con los “grandes” de Europa, porque ahora mismo lo es. Y porque puede medirse de tú a tú y dejarlos en evidencia como ha hecho hoy. Viendo el partido esta noche, era difícil decir quién era el pupas y quién la bestia. O, mejor dicho, era demasiado fácil. El problema es que no coincide con lo que todos estarán pensando.

El Atleti lució su once de gala, con la salvedad (o no) de Raúl García como titular. La duda de la posible entrada de Villa tras su doblete en Balaídos había generado debate, pero el Cholo parece tenerlo claro. Individualidades aparte, el éxito ha estado, como siempre, en jugar como un bloque. La columna vertebral del equipo se ha enfundado el mono de trabajo y ha sacado lo mejor de sí. Courtois, Miranda, Gabi, Arda y Diego Costa han ejercido de superclases y demostrado que tienen nivel para liderar un proyecto de escala europea. Toda planificación futura debe pasar por mantener el grueso del bloque intacto. Con semejantes exhibiciones, me temo que nos espera un verano de nervios.

El Atleti salió como un vendaval, arropado por el Calderón, y apenas le costó tres minutos a Diego Costa marcar el primero de volea acrobática a centro forzado de Koke. Koke-Costa, esa peligrosa conexión que ya han sufrido tantos equipos esta temporada. Que se lo digan al Madrid. Un gol psicológico, que ponía al Milan la eliminatoria muy cuesta arriba. El Atleti aprovechó el tirón y continuó dominando, dando lecciones de cholismo: corriendo, presionando cada balón y siendo solidarios en las ayudas. Nada nuevo, en definitiva, pero es importante constatar que la vieja Europa no amedrenta a este equipo.

Pero esto es la Champions, y hablamos de Atleti, así que, incluso este año, tenía que haber algo de emoción. El Atleti pareció ir olvidando poco a poco la premisa de pelear cada balón como un pequeño, y cometió el error de relajarse (un poco) y dar espacio al Milan. Y, ante este panorama, los italianos tiraron de oficio y pagaron al Atleti con su propia moneda: gol de cabeza a centro desde el lateral. Y ¿de quién? Pues nada menos que de Kaká, que ayer dio un recital de buen fútbol, e incluso de compromiso y sacrificio, echándose el Milan a la espalda y liderando toda la creación del juego italiano (que tampoco fue mucha, dado el plantel milanista). Seguro que el partido de Kaká hizo hervir la sangre a más de un madridista.

El gol fue un jarro de agua fría, a pesar de que el global de la eliminatoria seguía siendo favorable para los rojiblancos. Ese miedo en el cuerpo que se nos mete a la mínima, en cuanto las cosas dejan de estar de cara, y que no es la falsa modestia que algunos han puesto de moda en los últimos años. Es realismo puro y duro, aprendido por obligación durante toda una vida de amor a estos colores. El Milan supo aprovechar ese arreón y poner en serias dificultades al Atleti durante los siguientes quince minutos, que rechazaba como podía los ataques rossoneros (ayer de un dorado al que no hicieron honor). Cuando ya parecía que el Atleti iba a terminar la primera parte pidiendo la hora, la magia de Arda y algo de fortuna consiguieron colar un balón en la portería de Abbiati. La pierna de Rami ayudó, eso sí.

La celebración de Arda contagió al estadio. Y es que el ardaturanismo vende. Lo festejó con la rabia de un primerizo, y su sonrisa contagió a un Calderón ávido. Y esta vez, ya nadie se la pudo arrebatar. Con el partido de cara de nuevo para el Atleti, el Milan nada pudo hacer. No está preparado para remontar tanto. Su plantel de viejas glorias demostró no estar al nivel que viene demostrando el Atleti, y simplemente se dejó hacer.

La segunda parte fue toda una fiesta, no exenta de algún susto, protagonizados a menudo por Kaká o Robinho, dos exmadridistas y exproyectos de mejor-jugador-del-mundo cuya debacle ha llevado a terminar sus carreras en este Milan que ejerce como cementerio de elefantes y no hace honor a su historia. Por si quedaba alguna duda, apareció Raúl García para terminar de dar la razón a Simeone: con un testarazo digno de CR7 puso el 3-1 en el marcador. Eso sí, mañana no le dedicarán espacios de seis minutos en los programas “deportivos” para analizar su salto perfecto y definición imparable. No importa, Raúl es un gladiador, y le basta con la tremenda ovación del Coliseo Rojiblanco al ser sustituido un minuto después. Quién se lo habría dicho hace apenas dos años.

Cuando ya parecía todo hecho, nadie esperaba mucho más y Costa empezaba a acumular imprecisiones fruto del desgaste de un partido redondo, decidió culminar la fiesta ante la sorpresa de todos y rematar al Milan con un gol marca de la casa, en dos toques, poniendo el contundente y definitivo 4-1 en el marcador. Ahí es nada. El Calderón se rindió ante esta tremenda exhibición y se lanzó a hacer la ola. El himno a capella resonó tan fuerte que debía imponer hasta en la tele. Y es que había ganas, muchas, de una noche así. Como se ha venido diciendo, el Atleti había alcanzado sus últimas glorias lejos de casa, y debía a su afición una velada tan especial como esta.

Cuando el equipo da la cara, la afición siempre cumple. Y ante el espectáculo de hoy, ha llevado en volandas a un equipo digno de temer en Europa. El Atleti vive una temporada de ensueño, se ha marcado nuevos objetivos y parece ir cumpliendo etapas. Llegar a ganar alguno de los títulos a los que aspira se antoja complicadísimo, pero merece como mínimo el beneficio de la duda. Por lo pronto, esta noche ha presentado su candidatura a conquistar Europa. Que vayan tomando nota.

La Liga y la Premier, incógnitas de una Europa sentenciada

Daniel-Sturridge-5793372Sólo falta poner fecha y hora. Pero gran parte de las ligas europeas tiene ya un escenario de aquí a final de temporada bastante definido. En ese contexto, tan sólo la Liga y la Premier mantienen la emoción, con una lucha en los dos países que no se recordaba en mucho tiempo.
En Alemania, tras una nueva exhibición, el Bayern de Munich tiene ya 20 puntos de ventaja sobre el Borussia de Dortmund. En su victoria 16ª de manera consecutiva, un nuevo récord en la Bundesliga, los de Guardiola se permitieron el lujo de empezar perdiendo ante el Wolsburgo, para posteriormente dar la vuelta al choque con cinco goles en poco más de quince minutos. Si mantiene el ritmo de victorias, podría ser campeón en cuatro jornadas, independientemente de lo que haga el Dortmund. Si hubiera algún pinchazo podría ser campeón ya en el mes de marzo.
En la Serie A, los 14 puntos de ventaja de la Juve sobre la Roma, aunque los de la capital tienen un partido menos, parecen definitivos. Sería el tercer Scudetto consecutivo para los de Conte, que la próxima temporada tiene que abordar la lucha por la Champions League como absoluta prioridad si no quiere estancarse. Nápoles y Roma lucharán por la segunda plaza, distanciados ahora por tres puntos tras la victoria de los napolitanos este fin de semana. 1-0 con un cabezazo de José Callejón. Alejan con esa victoria a la Fiorentina, que ya está a 10 puntos, lo que prácticamente les garantiza plaza Champions.
En Francia y Portugal, PSG y Benfica tienen cada vez más cerca el título tras haber alejado a sus inmediatos perseguidores a 8 y 7 puntos respectivamente. Lo mismo que en Holanda, donde el Ajax ha abierto una pequeña brecha de seis puntos sobre el Vitesse. Amén del Olympiacos de Michel, que no había perdido un partido en toda la Liga pero que ha caído en las dos últimas jornadas, justo cuando podía ser campeón y en mitad de la borrachera de la victoria en Champions ante el Manchester United. En cualquier caso, una victoria más les da el título, y podrían serlo ya la semana que viene si falla el PAOK.
Así, la emoción por el título parece radicar exclusivamente en España e Inglaterra. La distancia de cuatro puntos entre el primero (Real Madrid) y el tercero (F.C Barcelona) es genuina de nuestra liga. Además, la existencia del Atlético de Madrid como tercero en discordia abre una ventana a un final con tres candidatos, algo que no sucedía desde aquella Liga de Capello en la temporada 2006/2007 en la que el Sevilla llegó con opciones matemáticas a la última jornada. Fue una Liga que se ganó con 76 puntos. Tiempos muy distintos a los actuales.
En la Premier, aunque la tabla muestra una importante ventaja del Chelsea, se debe en parte a las consecuencias del apretado calendario y algún partido suspendido por la climatología. El Chelsea gobierna con 7 puntos de ventaja sobre Liverpool y Arsenal, que tienen un partido menos. Y luego está el caso del City, a nueve puntos del liderato pero con tres partidos menos. Si los gana, empatarían con los de Mourinho. Se presume un apretado final, pero cualquier fallo en estos partidos pendientes promete ser casi definitivo para los que persiguen al Chelsea.
Víctor Ruiz de Almirón (@vic_almiron)