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Las comparaciones son odiosas

_Mundial_Corea-Japón_2002_t670x470Las comparaciones son odiosas, siempre, pero la Brasil del Mundial 2014 parece estar opositando a salir en el diccionario junto con la definición de este dicho popular. Echando la vista atrás al último (y único) Brasil-Alemania en un campeonato del Mundo, encontramos la final de 2002. De aquella canarinha solo queda Scolari en el banquillo, aunque no de manera continuada desde entonces. Lo demás es un despropósito de Seleçao, que avanza en <<su>> Mundial a trompicones, esperando que el fin justifique los medios y la copa borre de la memoria colectiva que esta Brasil, violó sin escrúpulos su historia y su eterna manera de entender el fútbol. El jogo bonito.

Cuando Pierluigi Collina dio el pitido inicial aquel 30 de junio en Yokohama, los once brasileños que formaban en el césped eran: en la portería Marcos; en defensa tres centrales con Edmilson incrustado entre Lúcio y Roque Junior, y en los laterales probablemente los mejores que jamás vistieron la verde amarela, Cafú y Roberto Carlos. Por delante de ellos, y para sujetar la tremenda tormenta atacante que suscitaban los nombres que mencionaré a continuación, estaba Gilberto Silva; y después el huracán, Flanqueaban a Rivaldo dos interiores que dejaban la banda a los laterales cuando no la ocupaban ellos, Kleberson por derecha y un joven Ronaldinho por izquierda; todos ellos al servicio de O Fenomeno, Ronaldo Luiz Nazario da Lima. Ronaldo, para los amigos.

Esta noche Brasil saldrá a la cancha con un once con una filosofía muy distinta. Scolari ha adaptado la selección a una serie de jugadores más bien físicos y con poco amor por el ataque combinativo y estético. Con Julio Cesar en la portería y dos laterales a años luz del nivel de 2002, los mejores del equipo, de lejos, son los centrales David Luiz y Thiago Silva (que no estará hoy). Luiz Gustavo sería más que necesario en una Brasil con tendencia al desenfreno, pero nada más lejos. Esta noche estará ayudado por Paulinho y Fernandinho, por lo que Oscar será el único medio-mago en un once del que se cae por lesión el único resquicio que quedaba de la samba brasileña, Neymar. Hulk, y el que probablemente sea el peor número nueve de la historia de Brasil en los mundiales, Fred.

Las comparaciones son odiosas, pero entre esta Brasil, y las distintas generaciones que han enorgullecido a la nación del baile y la alegría futbolística, el abismo es tal, que hasta los brasileños rezan cada día por ganar este Mundial, no conciben otro desenlace, es una de las razones por la que aún no han dado la espalda a este grupo. Bueno, la otra era Neymar. Brasil ganó en 2002 a Alemania en un deporte en el que siempre ganan los alemanes, pero quizá esa solo fuera la excepción.

Víctor Pernas (@VPernas)

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Luis Suárez y la justicia envenenada

Luis-Suarez-mordida-Chiellini-640x480-GettyUn acto de justicia permite cerrar el capítulo; un acto de venganza escribe un capítulo nuevo“. La escritora estadounidense Marilyn Vos Savant, famosa por ser la persona con el coeficiente intelectual más alto del mundo, venía en esta sencilla frase a exponer la gran necesidad de lo que la Justicia debe ser en las sociedades avanzadas. Ante todo, justa. Tal vez una sanción a un jugador de fútbol pueda parecer una causa menor, irrelevante como para divagar sobre consideraciones jurídicas. Desde luego. Pero en la sanción con la que la FIFA ha castigado a Luís Suárez encontramos un profundo déficit jurídico. Un intento de actuar de modo ejemplarizante que lo único que ha conseguido es provocar una reacción de solidaridad y comprensión con quién a todas luces había cometido una infracción digna de reprimenda, de sanción si se quiere ser preciso.

Resumamos primero la sanción. Nueve partidos sin poder participar con la selección uruguaya. Una multa económica importante. Cuatro meses sin practicar ninguna actividad deportiva y sin poder pisar un campo de fútbol. Retirada de la acreditación de la FIFA para el Mundial. Prohibición de formar parte de la expedición de la selección uruguaya. El daño que Luís Suárez podría haber provocado con su mordisco es tan irrelevante, en comparación con otras actuaciones que vemos a diario en los campos de fútbol, que a todas luces parece excesivo. ¿Qué castigo recibió De Jong por una patada con los tacos a Xabi Alonso en la final de un Mundial? ¿Qué sanción van a recibir Neymar o Sakho por dos codazos intencionados que podría haber fracturado la cara de su oponente? ¿Qué sanción recibió Michel Salgado por romper los ligamentos del tobillo de un futbolista y frustrar su carrera?

El doble rasero de la Justicia, la diferente vara de medir la convierte a ésta en injusta. Como ha dicho estas horas el gran narrador Víctor Hugo Morales, la FIFA parece querer revestir sus pecados con un acto ejemplarizante. Presentarse ante el mundo como un órgano pacificador en busca de la correcta proyección de la imagen que el fútbol traslada a todo el planeta. Una FIFA cuestionada por la organización de un Mundial que no ha hecho sino consolidar las profundas divisiones de la sociedad brasileña. Una FIFA que en clara actitud colonial expulsa a un jugador de un hotel que no es de su propiedad. ¿O sí lo es? ¿Quién manda estos días en Brasil? ¿Quién manda en un país que aprueba en un Parlamento un pasillo fiscal para que la FIFA y sus patrocinadores, McDonald’s y otras grandes compañías, no paguen impuestos por sus actividades en el país?

La FIFA ha decidido actuar de oficio contra Luis Suárez aduciendo la enorme repercusión de las imágenes y el ejemplo que el fútbol debe dar. ¿Merece Luis Suárez una sanción mayor a la de Pepe? ¿Mayor a la de Tassoti? Desde luego que no. Podría entenderse una sanción económica, tal vez uno o dos partidos. Pero tal vez ni eso. ¿Cuántas acciones graves vemos en un campo de fútbol que se quedan en nada simplemente porque el colegiado no las reflejó en el acta?.

Uruguay es un país chiquito. Menos de cuatro millones de habitantes y una producción sobrenatural de talento futbolístico. El balompié es allí cuestión de Estado. El Gobierno de Mújica estudia ahora mismo tomar algún tipo de medida. Cuesta entender cuál, pero sirve para entender hasta que punto los aires justicieros de la FIFA han llegado no solo a Uruguay sino al mundo entero trufados de venganza, de injusticia.

La FIFA se ha convertido en un chiringuito. Esta decision es como el coletazo de la serpiente herida. Una institución hundida en su legitimidad, sospechosa de actuar en beneficio de la selección brasileña, que ha tratado de revestirse de pulcritud con una medida ejemplar. Erraron el tiro. Ayer nadie justificaba a Luis Suárez. Pocos trataban de entenderlo de minimizarlo. Hoy muchos ven en él una víctima y no un verdugo. Si un hombre robase una cartera y fuese condenado a diez años de cárcel, ¿les parecería justo? Apuesto a que no.  Flaco favor ha hecho la FIFA al fútbol con su decisión, plagada de lagunas jurídicas, que condiciona y adultera claramente la competición. Que el balón siga rodando. Por favor. Menos FIFA y más fútbol.

Nada hay más injusto que buscar premio en la justicia“. Cicerón.

Víctor Ruiz de Almirón (@vic_almiron)

A falta de fútbol, soccer

07c8576f-b721-4822-842e-441b32a7b578-460x276En Manaos aún quedaba el aroma de uno de los mejores partidos del Mundial, el Inglaterra-Italia del pasado 14 de junio. Bajo el asfixiante ambiente amazónico se daban cita esta vez dos selecciones que no pueden ser más distintas: la competitiva Estados Unidos y la <<ronaldodependiente>> Portugal.

Los primeros minutos fueron para los lusos. Salieron en tromba intentando curar la sangrante herida que había abierto en su orgullo el 4-0 que les infligieran los alemanes hacía menos de una semana. Y empezaron bien. Un centro mal despejado de Veloso acababa en los pies de Nani, que tumbó con un amago a Howard (seguramente sin querer) y reventó la red.

Portugal solo extendió su dominio unos minutos más, hasta que los estadounidenses se sacudieron el miedo del cuerpo y comenzaron a jugar al soccer. Con un omnipresente Bradley iniciando la jugada desde atrás y ganando rápidamente metros para dar el último pase o en ocasiones, acabar la acción, EEUU empezó a ganar empaque y dispuso de dos llegadas antes del descanso gracias a los pases de Bradley, los movimientos de Dempsey, que estaba en punta, y con las llegadas constantes por banda derecha de Fabian Johnson. Éste, por cierto, se cebó hasta tal punto con el lateral izquierdo que había improvisado Bento, André Almeida, que el experimento solo duró hasta el descanso, para dar lugar a otro experimento.

Antes del medio tiempo, Postiga engrosó la lista de lesionados con un tirón en la parte posterior del muslo. Fue peor el remedio que la enfermedad, ya que esta lesión propició la entrada en el campo de Eder. Una suerte de Adebayor torpón al que parece que alguien le haya robado las habilidades al más puro estilo Space Jam.

En el descanso, Paulo Bento analizó el desastre que estaba siendo su mediocampo en tareas defensivas y metió en el césped a William Carvalho, al que todos queríamos ver, con la pega de que fue Veloso quien fue desplazado a un lateral izquierdo, dejando claro por qué abandonó esa demarcación hace ya muchos años.

La lentitud de Veloso y las ayudas más bien escasas de sus compañeros, propiciaron que EEUU diera su aviso más serio con una endiablada inmersión por banda de Fabian Johnson que ganó línea de fondo y dejó un excelente pase de la muerte a Bradley, cuyo remate sacó bajo palos Ricardo Costa.

EEUU estaba controlando el partido con un gran Jermaine Jones, y buenas llegadas por banda de Beasley y Johnson, pero el gol llegó cuando Jones cogió un mal despeje a la izquierda de la frontal del área, se acomodó el balón a la derecha y mandó un derechazo imparable al segundo palo de Beto, que poco o nada pudo hacer.

Portugal vagaba por el campo agarrándose a las intentonas de Moutinho y presenciando un festival de errores de Nani, que, aun jugando un partido horrible, fue el protagonista de la mayoría de las jugadas peligrosas del conjunto luso, incluido un tiro que Howard desvió al palo. A todo esto, Ronaldo, que había dejado algún detallito en la primera mitad, se movió por el centro del ataque en una clara muestra de lo lejos que está de un estado físico óptimo, llevándose un saco de golpes cada vez que iniciaba conducciones y fallando disparos que habrían ruborizado a su ‘yo’ del pasado.

En estas estaba Portugal (en estas, y con el tal Eder dando un espectáculo bochornoso), cuando marcó Clint Dempsey, arremetiendo con el pecho un excelente pase de Zusi y adelantando a los yankees en el marcador. Pero hechos ya los deberes, los de Klinsmann se resguardaron y emergió la figura de Cristiano Ronaldo.

Con Carvalho proporcionando algo más de empaque el mediocampo, Ronaldo pidió la vez y monopolizó las ocasiones de Portugal. EEUU se limitó a defender lo mejor que pudo, que no fue poco. Pero en el descuento, el extremo madridista puso un centro con su bota de oro a la cabeza de Varela, que entró como un bisonte al área de Howard y borró de la memoria colectiva la gran actuación del meta toffee y dejó un regusto amargo a los norteamericanos.

En la última jornada, un empate entre los amigos Klinsmann y Löw les mete a los dos en octavos de final. Mientras tanto, Portugal y Ghana se jugarán sus opciones en un duelo a muerte por la victoria, que solo les valdría si Alemania gana a EEUU, o si son los americanos quienes vencen con una renta aceptable.

Anoche, antes del partido, muchos eran los comentarios que leíamos de que estos americanos no juegan al fútbol, pero si lo que llamamos fútbol es lo que jugó Portugal, ya podemos empezar a llamarlo soccer. Y ya veremos cómo llamamos a lo que jugó Eder.